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La
Antigüedad: Egipto
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Los
textos sobre la homosexualidad en el antiguo Egipto no son muy
numerosos. Son polémicos y están abiertos a diferentes
interpretaciones. Esto no se debe a que el tema fuera considerado tabú,
sino que puede deberse al tipo de fuentes que han llegado a nuestros días.
La sexualidad casi nunca es representada y es rara su mención en los
textos.
La
complejidad de genero no se limita a incidentes aislados o individuales
en la antigua cultura egipcia. En la historia egipcia sobre la creación
de los dioses, el primer dios es mujer y hombre en si mismo, su nombre
es Atum. A través de la reproducción asexual, Atum crea otros 2
dioses, Shu y Tefnut. Estos dos a su vez, producen otro par, Geb y Nut.
Finalmente, Geb y Nut, la tierra y el cuelo, se combinan y producen dos
parejas de dioses, Isis y Osiris, y Seth y Nephthys. En las historias
sobre estos seres arquetípicos, Isis representa la reproducción
femenina, Osiris la reproducción masculina, Seth el eunuco no
reproductor y Nephthys
la virgen no casada (lesbiana).
Se
supone que Nephthys y Seth son una pareja como Isis y Osiris, pero ellos
no tienen aventuras juntos ni tampoco hijos. Nephthys pasa la mayor
parte del tiempo con Isis, asistiéndola en diferentes maneras.
¿Cómo
encaja en este esquema Nephthys, la contraparte de Seth con su tercer
genero? Ella ofrece un ejemplo instructivo. Al principio, ella no tiene
hijos y la mayoría del tiempo esta con Isis. No obstante, eventualmente
ella tendrá un hijo, no de su compañero Seth, sino de Osiris. En la
alegoría del paisaje egipcio, a Nephthys se le ha dicho que representa
la tierra desértica lejos del alcance de las inundaciones del Nilo. En
una rara ocasión, el Nilo traspasa sus limites y llega hasta esta
tierra desértica, produciendo vegetación.
La
historia de Nephthys muestra la diferencia entre hombres homosexuales y
lesbianas, en el tanto una mujer que no se siente atraída hacia los
hombres, sigue siendo capaz de engendrar un hijo a través del sexo con
un hombre. Pero un hombre que no se siente atraído hacia las mujeres,
no tendrá fácilmente una erección con una mujer, lo cual es
prerequisito para lograr tener sexo para procrear.
Dado
que el género fue tradicionalmente definido como un rol en la procreación
–siendo el hombre aquel que reproduce en el cuerpo de otra persona, y
la mujer quien reproduce en su propio cuerpo-, el eunuco, o
exclusivamente homosexual, que no reproduce en el cuerpo de otra persona
ni en su propio cuerpo, no es hombre ni mujer. Pero una lesbiana, a
pesar de su no atracción hacia los hombres, no tiene que sacrificar
necesariamente su ser mujer, ya que ella no deja de poder cumplir su rol
de procreación.
Desde
el periodo del reinado egipcio y hasta el temprano Imperio Romano,
existen referencias de matrimonios gay y lésbicos, como entre Berenice,
la Reina de Egipto, y su amante Mesopotamia. En los Diálogos de los Cortesanos, uno de los personajes describe a una
mujer de Lesbos, quien se caso con una mujer de Corinto. Parece ser que
el estatus de lesbiana en muchas otras culturas era similar a aquel en
Grecia y la temprana Roma.
Del
Imperio Antiguo (dinastía V, hacia 2500 a.C.) proviene la tumba
decorada de Nianjjnum y Jnumhotep, altos funcionarios de la corte. Ambos
hombres estaban casados y
tenían hijos, pero
están representados varias veces íntimamente abrazados. Mientras una
parte de los investigadores ve en la pareja una relación homosexual,
estudios más recientes hablan de que se trata de gemelos, e incluso de
siameses. La cuestión de la interpretación deberá quedar, de momento,
abierta.
Por
otra parte, el nombre de los hombres tienen una interesante cercanía:
significa “unido a la vida”, y significa “unido al estado
sagrado de la muerte”, siendo que juntos, ambos nombres pueden
traducirse como “unidos en la vida y unidos en la muerte".
Del
Imperio Medio (c. 2000 a 1700 a.C.) provienen dos obras literarias que
tienen claramente como tema la homosexualidad. El texto de El demandante de Menfis,
conservado de forma fragmentaria, sólo en copias posteriores, cuenta la
historia
del
general Sasenet y el rey Neferkara (nombre de trono, el nombre de
nacimiento era Pepy). El rey iba todas las noches a la casa
del
general y tiraba una piedrecilla, el general descendía una escalera,
tras lo que «su Majestad hacía lo que quería», lo que en textos
egipcios antiguos es una perífrasis para la actividad sexual. El rey es
observado por alguien en sus correrías nocturnas. No se conserva más
de la historia, pero da la impresión de que el texto critica la actuación
del
rey. Si estas críticas están relacionadas con la homosexualidad de las
acciones, o con el estatus social
del
amante, no se puede saber.
De
El-Lahun (Imperio Medio, hacia 1700 adC) proviene el papiro de la
historia divina de Horus y Seth, cuyo texto completo se ha conservado en una copia
del
Imperio Nuevo (hacia 1200 adC). Seth había matado a su hermano, Osiris,
y luchaba con Horus, hijo de Osiris, por el dominio de Egipto. En una
escena se describe
como
Seth viola a Horus e intenta humillarlo de esta forma. La interpretación
de este fragmento vuelve a ser problemático. ¿La humillación de Horus
es por ser un acto homosexual, por la violación en sí, o por los dos
motivos?
No
existen otras fuentes claras para la homosexualidad en el antiguo
Egipto. En el Libro de los muertos hay un fragmento que se puede interpretar
como
una condena a la homosexualidad («no yazcas con un yacedor»), pero la
traducción y la interpretación es demasiado vaga para extraer
conclusiones seguras. Este fragmento del Libro de los muertos, que
pertenecía a una mujer, ha sido interpretado
como
una condena al lesbianismo, pero la interpretación no es demostrable.
Finalmente, existen algunas representaciones eróticas, que quizás
representen relaciones homosexuales entre hombres, pero estas
representaciones no son lo suficientemente detalladas y, por lo tanto,
no son seguras.
Una
indicación de una opinión crítica de la homosexualidad podría ser la
palabra Jem, hm,
que quizás se pueda traducir
como
marica. El significado sexual de la palabra parece seguro, debido al
falo con el que está escrita. La palabra es generalmente empleada en
los textos para difamar a alguien. No queda claro si hm
se
usa
para la homosexualidad en el sentido moderno occidental o si se trata
solamente
del
pasivo dentro
del
acto sexual.
La
historia de Horus y Seth podría indicar que en el antiguo Egipto existía
una imagen de la homosexualidad similar a la existente en muchas
culturas orientales. Las relaciones homosexuales son aceptadas para el
homosexual activo (masculino), mientras que el pasivo (femenino) es
despreciado. Si se interpreta la representación de Nianjjnum y
Jnumhotep en su tumba como una pareja homosexual, es posible que la
sociedad egipcia aceptara la homosexualidad que se realizara de común
acuerdo.
Hatshepsut,
reina-faraón de la Dinastia XVIII de Egipto.
El quinto gobernante de dicha dinastía, reinó de ca. 1479 a.C. a 1457
a.C. Gobernó con el nombre de Maatkara Hatshepsut, y llegó a ser la
mujer que más tiempo estuvo en el trono de las "Dos Tierras".
A
pesar de no ser común para Egipto el ser gobernado por una mujer, esta
situación tenia precedentes. Hatshepsut
fue la segunda mujer en asumir formalmente el poder como “Rey del Alto
y Bajo Egipto”, después de la Reina Sobekneferu de la Doceava Dinastía.
Otras
mujeres con posibles reinados como faraonas, pero que permanecen en
estudio son Nefertiti, Meritaten, Neferneferuaten, y Twosret. Otro
faraon, Smenkhkare, generalmente ha sido considerado hombre, pero existe
cierta evidencia que presupone que era una mujer.
Entre las ultimas dinastías egipcias no-indígenas, el ejemplo mas
notable de otra mujer que llego a ser faraona es el de Cleopatra VII, la
ultima faraona del antiguo Egipto.
El
nombre de Hatshepsut con el que se la reconoce hoy en día en principio
era un título con el significado de "La primera entre las damas
nobles", que también se presentaba en su forma completa de
Hatshepsut Jenemetamón, esto es, "La primera entre las damas
nobles que abraza a Amón".
Se
ignora el momento exacto del nacimiento de Hatshepsut, aunque es de
suponer que sucediese en la por entonces capital del estado, Tebas, a
finales del reinado de Amenhotep I. Ante la falta de descendencia del
faraón, el sucesor designado era el padre de Hatshepsut, el futuro
Tutmosis I, quien para poder legitimar su inminente acceso al trono se
había tenido que casar con la princesa Ahmose.
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- Nephthys
- (Museo de
Louvre)
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- Nianjjnum
y Jnumhotep
- Foto por Greg
Reeder © 1999
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Hatshepsut
(Metropolitan Museum
of Art)
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Hatshepsut
con la tradicional barba falsa, símbolo de su poder faraónico.
(Metropolitan
Museum of Art)
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Este
matrimonio trajo al mundo, aparte de a Hatshepsut, al menos a otros tres
niños, de nombres Amenmose, Uadymose y Neferubity. Desgraciadamente, y
debido a la alta tasa de mortalidad infantil, sólo Hatshepsut y su
hermana menor, Neferubity (y ésta sólo por un corto espacio de tiempo)
llegarían a edad adulta.
Además
de sus hermanos de padre y madre, Hatshepsut tuvo que tener otros
medio-hermanos, fruto de las relaciones de su padre con esposas
secundarias y concubinas. Del único del que nos han llegado datos es de
quien más tarde reinaría como Tutmosis II, un hijo de Tutmosis I y de
una esposa secundaria, de nombre Mutnefert.
El
padre de Hatshepsut, Tutmosis I, había logrado expandir el Imperio
egipcio de manera nunca antes vista en tan sólo trece años de reinado.
Este prodigioso monarca pasaría a la historia por llevar a sus tropas
al curso de un río enorme que, al contrario que el Nilo, no discurría
de sur a norte, sino a la inversa: el Éufrates.
A
la muerte, algo temprana, de Tutmosis I, Hatshepsut era la mejor situada
para sucederle en el trono, pues sus hermanos varones ya habían muerto.
Es posible que incluso el propio Tutmosis I tratase en vida de asociar a
su hija al trono, como así lo demuestra que la nombrase Heredera. Sin
embargo, sus deseos fueron incumplidos, pues al parecer una conjura
palaciega encabezada por el visir y arquitecto real, el poderoso Ineni
consiguió sentar en el trono a Tutmosis II, nacido de una esposa
secundaria. Hatshepsut tuvo que soportar convertirse en la gran esposa
real de su hermanastro, y se cree que este fue un duro golpe a su
orgullo.
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Templo
de Hatshepsut
Luxor,
Egipto
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La
joven reina era descendiente directa de los grandes faraones
libertadores de los hicsos y además ostentaba el importantísimo título
de Esposa del dios, lo que la hacía portadora de la sangre sagrada de
la reina Ahmose-Nefertari. Es lógico que su orgullo fuera inmenso, y
que no soportase muy bien la idea de supeditarse a su marido. Así, no
es de extrañar que mientras su débil y blando esposo ceñía la doble
corona, Hatshepsut comenzara a rodearse de un círculo de adeptos que no
dejaron de crecer en poder e influencias: entre ellos destacamos sobre
todo a Hapuseneb y a Senenmut. La gran esposa real se había convertido,
para temor del visir Ineni, en un peligroso oponente.
Tutmosis
II tuvo un reinado muy breve, y murió en plena juventud cuando sus dos
únicos hijos conocidos aún estaban en la primera infancia. Como había
pasado en la generación anterior, la gran esposa real Hatshepsut no había
traído al mundo un varón, sino una niña, por lo que volvió a abrirse
una crisis sucesoria. Una vez más, Ineni consiguió que la nobleza
aceptara como único candidato factible a un hijo de Tutmosis II y de
una simple concubina, que sería nombrado rey como Tutmosis III. No
obstante, la reina viuda Hatshepsut no quería que la historia se
repitiera por segunda vez, y lo cierto es que la modificó
considerablemente.
Dado
que Tutmosis III era demasiado pequeño para gobernar, la gran esposa
real de Tutmosis II asumió la regencia y pospuso indefinidamente el
matrimonio entre el nuevo rey y su hija, la princesa real Neferura, única
persona que podría legitimar su ascenso al poder absoluto.
Durante
los primeros años de reinado de Tutmosis III, Hatshepsut estuvo
preparando minuciosamente un "golpe de Estado" que
revolucionaría a la tradicional sociedad egipcia. Alejó para siempre
de la escena política a Ineni, y elevó a sus fieles Hapuseneb y
Senenmut a los más altos cargos. Parece ser que la figura política más
importante de la época fue Hapuseneb, quien unió para sí los cargos
de visir y de sumo sacerdote de Amón. Con unos aliados tan poderosos,
Hatshepsut tenía ahora los medios y el apoyo suficientes para
sorprender al mundo.
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Cuando
se vio lo suficientemente fuerte, la hasta entonces gran esposa real y
esposa del dios, Hatshepsut, en presencia del faraón Tutmosis III, se
autoproclamó también faraón de las Dos Tierras y primogénita de Amón,
con el beneplácito de los sacerdotes, encabezados por Hapuseneb. El
golpe de efecto fue magistral, y el inexperto Tutmosis III no pudo hacer
otra cosa más que admitir la superioridad de su tía y madrastra.
Hatshepsut se había convertido en la tercera reina-faraón conocida en
la historia egipcia.
Hatshepsut
asumió todos los atributos masculinos de su cargo (excepto el título
de "Toro poderoso"), haciéndose representar a partir de
entonces como un hombre y tocándose de barba postiza.
Estableció una insólita corregencia con su sobrino, aunque hubo un
clarísimo predominio de la primera sobre el segundo, hasta tal extremo
de colocarlo en un segundo plano impropio del papel futuro que tendría
Tutmosis III en la historia. Tal era el carisma y la personalidad de
esta mujer.
Aún
así, no se puede ver de ninguna forma a Hatshepsut como una usurpadora,
visión que han trasladado a nuestra época algunos autores. Al menos no
se vio así en su tiempo, pues de haber sido el caso, Hatshepsut habría
eliminado con total facilidad a sus adversarios o se habría producido
una guerra civil. Tutmosis III no estuvo encerrado en palacio, como se
ha llegado a pensar, ni tampoco Hatshepsut evitó hacer mención alguna
a su existencia. La sociedad de entonces asumió sin problemas la nueva
situación, y Hatshepsut gozó de uno de los reinados más prósperos de
toda la historia egipcia, gracias también al apoyo recibido por
Hapuseneb y Senenmut, auténticos gobernantes en la sombra.
Hatshepsut
no hubiera podido ni soñar siquiera acceder al trono de no contar con
los apoyos que consiguió entre el clero del dios Amón en Tebas
mientras era la esposa de Tutmosis II. Las cuantiosas donaciones y los
privilegios que concedió a los sacerdotes, encabezados por la eminencia
gris del régimen, el visir Hapuseneb, fueron una forma de pago por los
servicios prestados, pues de no ser por el inmenso regalo que recibió
Hatshepsut de ellos, su legitimidad habría sido menor. Y este valioso
obsequio de la casta sacerdotal a la reina-faraón fue la célebre
Teogamia.
En
la Teogamia, Hatshepsut declara al pueblo egipcio que su verdadero padre
no es Tutmosis I, sino el propio dios Amón, que con su sabia previsión
visitó una noche a la gran esposa real Ahmose y la permitió concebir a
la mujer que estaba sentada ahora en el trono de las Dos Tierras con el
beneplácito del panteón entero. Hatshepsut se declaraba por ende
primogénita de Amón, y su sustituta y fiel delegada en la tierra, con
lo que su figura se trocaba en completamente sagrada.
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Hatshepsut,
la primera mujer que se hizo esculpir como esfinge. Es necesario
destacar que muy pocos faraones recurrieron a la Teogamia para validar
su derecho al trono, y su estatus pasaba a ser poco menos que el de un
dios vivo. El ardid de Hatshepsut y el alto precio que tuvo que pagar a
los sacerdotes por él, le asegurarían un reinado tranquilo y sin
disidencias, aunque acabaría pasándole factura a la dinastía por el,
desde entonces, imparable crecimiento de los sacerdotes de Amón.
Como
todo rey que accedía al trono, Hatshepsut tenía derecho a usar hasta
cinco nombres diferentes: el de Horus, el de Nebty, el de Horus de Oro,
y los dos principales, conocidos vulgarmente como nombre de nacimiento y
nombre de coronación. Éste último resultó ser el de Maat-Ka-Ra, es
decir, "El espíritu de Ra es justo" y lo utilizó siempre
conjuntamente con su nombre de nacimiento.
Sin
embargo, este último apelativo sufrió una serie de cambios a lo largo
del reinado de Hatshepsut. Si bien la forma original del nombre de
nacimiento era Hatshepsut, en numerosos monumentos aparece de formas
bien distintas: añadiendo la segunda parte de nombre y quedando como
Hatshepsut-Jenemetamón, masculinizándolo en parte como Hatshepsu[3] o
completamente como Hashepsu. Sólo así se puede comprender la sorpresa
de los egiptólogos que descubrieron la existencia de esta mujer que
jugaba en sus apariciones, siendo representada varón, con sus nombres
unas veces escritos tal que había nacido hombre o mujer. Un curioso
juego de intercambio de sexos que sin duda realzó su carácter divino y
concentró en sí misma la dualidad que tanto veneraba el pueblo
egipcio.
"El"
faraón Hatshepsut dedicó la mayor parte de su reinado a embellecer el
país y a restaurar los templos, con el beneplácito de sus aliados los
sacerdotes. Egipto había sufrido hacía dos generaciones la última de
sus guerras, cuando el abuelo de la reina, el rey Ahmose, expulsó a los
Hicsos, un pueblo semita que había conseguido dominar el país durante
cien años. Como habían hecho sus antecesores, Hatshepsut invirtió
mucho en borrar todos los daños ocasionados por la guerra de liberación
que había elevado a su dinastía a lo más alto.
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Sin
embargo, el centro de acción principal de la reina fue su ciudad, la
pujante Tebas. Edificó la Capilla Roja del enorme templo de Amón en
Karnak, y de las canteras de Asuán, mandó hacer los obeliscos más
grandes que se habían erigido en Egipto hasta entonces, y los llevó a
Karnak decorados con electrum, aleación de oro y plata. Se cree que el
obelisco inacabado que aún hoy se puede ver en Asuán data del reinado
de Hatshepsut, y de haberse acabado, habría sido el mayor de toda la
historia del país.
Aunque
no fue en Karnak donde Hatshepsut desplegó toda su imaginería, sino en
la orilla oeste de Tebas, la necrópolis de entonces. Como era costumbre
por entonces, los faraones hacían construirse, además de su tumba, un
templo funerario algo alejado de ésta, que sirviera a un mismo tiempo
para proteger y recordar al difunto. Hatshepsut escogió el paraje de
Deir el-Bahari para edificar su templo, y encargó la tarea a su
arquitecto favorito, Senenmut.
El
resultado final fue envidiable: construido al lado del templo de
Mentuhotep II, el de Hatshepsut es una de las joyas del Antiguo Egipto y
uno de los destinos más visitados por los turistas. Conocido por aquel
entonces como el Dyeser-Dyeseru (el sublime de los sublimes), su
estructura en forma de largas terrazas y de rampas con suave inclinación,
de estilo similar al de Mentuhotep II, le hacen fundirse a la perfección
con la roca y el entorno. Uno de los misterios en dicho templo radica en
un sector sellado como una caja en la pared en que se puede observar a
Hatshepsut por un lado en actitud amatoria y a Senenmut en la otra cara,
como receptor de la pose amatoria de la reina, lo que deduce un íntimo
vínculo (prohibido por su linaje) entre el arquitecto y la reina-Faraón.
Hatshepsut
ha pasado a la historia como una gobernante pacífica y que prefirió
gastar parte de su tesoro en construir templos en vez de conquistar
territorios, pero lo cierto es que hubo al menos seis campañas durante
sus 22 años de reinado. Hay que destacar que la mayoría de éstas no
pasaron de ser meras escaramuzas o actividades disuasorias cuya única
finalidad era disuadir a los siempre belicosos pueblos fronterizos de
atacar a las Dos Tierras.
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Primera
campaña. Era
casi costumbre que al morir un faraón, los pueblos nubios atacasen las
fronteras meridionales y quemasen algunas de las fortalezas del lugar, a
modo de tanteo de cómo reaccionaría el nuevo monarca. Hatshepsut no se
dejó avasallar y, pese a que aún era sólo reina regente, fue a Nubia
y dirigió los ataques.
Segunda
campaña. En
este caso los enemigos fueron tribus de Siria-Palestina, cuyos continuos
ataques a los puestos fronterizos hicieron responder a Egipto. Ignoramos
la fecha exacta de esta acción bélica, aunque es muy posible que
acaeciese cuando Hatshepsut ya había sido coronada. Una cosa que parece
segura es que la reina no viajó al frente en esta ocasión.
Tercera
y cuarta campañas.
El motivo vuelve a ser Nubia. Ignoramos por qué los nubios se
revolvieron tanto en época de Hatshepsut, pero las tropas egipcias
fueron implacables. La tercera campaña fue en el año 12º y la cuarta
en el 20º, y ambas se solucionaron sin ningún problema. Se cree que en
ésta última participó Tutmosis III.
Quinta
campaña. Contra
el país de Mau, al sur de Nubia. Fue inmediatamente después de la
cuarta campaña, tal vez debido a una coalición de estos dos pueblos.
Existen menciones a una caza de rinocerontes, y también es probable que
Tutmosis III estuviese al frente del ejército.
Sexta
campaña. Una
vez más, Tutmosis III -anticipando su papel de rey guerrero que en su
reinado en solitario acabaría por desarrollar con excelentes
resultados- marchó a Palestina y conquistó la ciudad de Gaza, que se
había rebelado recientemente. Las fechas sobre esta campaña datan de
finales del reinado de Hatshepsut, quizás inmediatamente antes de morir
la reina. Como se puede ver, su papel era ya meramente representativo, y
Tutmosis III se había convertido en el monarca dominante del curioso tándem
real.
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Otro
hecho relevante del reinado de Hatshepsut fue la doble misión a Punt,
el país legendario de donde procedían los mejores árboles de incienso
y mirra, que probablemente estaba en la una región de la actual
Somalia, aproximadamente en el año 15º de su reinado. Comandada por
Nehesi, portador del sello real, la expedición fue tanto por tierra
como por mar, y durante ella no sólo se dedicó la delegación egipcia
a comerciar, sino que también hizo un minucioso estudio de la fauna y
la flora de Punt, así como de la organización política y social del
lugar.
Tuvo
que ser tan importante esta acción para la posición de Hatshepsut, que
no dudó en decorar gran parte de las paredes del Dyeser-Dyeseru con
escenas de aquel mágico periplo por el que sería recordada durante
mucho tiempo por la población llana. No sólo fue un éxito al
conseguir importar la preciosa mirra a Egipto, sino que trajo extrañas
especies animales antes nunca vistas y generosos cargamentos de oro,
marfil, ébano y otras maderas preciosas que enriquecieron
considerablemente las arcas reales y las de los templos.
Aun
así, es extraño que Hatshepsut pusiera tanto empeño en promocionar el
viaje a Punt, un país que se conocía ya desde la época de las pirámides,
y sólo puede explicarse como una parte más de la intensa propaganda
que distribuyó por el Dyeser-Dyeseru y por otros lugares del país con
el único fin de legitimar su posición. Sin lugar a dudas, en aquel
momento de su reinado, con la inauguración de su hermoso templo y el
regreso de los viajeros del Punt, Hatshepsut había llegado al cenit de
su gobierno.
Respecto
a su descendencia, mucho se ha hablado del tema y poco se ha conseguido
aclarar. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que Hatshepsut fue
madre de una hija, a la que puso de nombre Neferura y cuyo cuidado
encargó a su arquitecto favorito, Senenmut. Se ignora el verdadero
papel de este hombre en la trama; no son pocas las voces que dicen que
fue él el padre de Neferura y no Tutmosis II, y que hubo una tórrida
historia de amor entre el arquitecto y canciller real y la reina, una
historia que pese a ser muy interesante desde el punto de vista
novelesco, sigue sin estar demostrada. A favor de todo esto hay algunas
pruebas, como que aparezcan en actitud ciertamente cariñosa Senenmut y
Neferura, o un ostracón hallado en las cercanías del templo de Deir
el-Bahari donde se ve a un faraón femenino teniendo relaciones sexuales
con un hombre.
Aun
así, aunque cada vez más voces se alzan a favor de un romance de
Hatshepsut con Senenmut, se sigue pensando que Neferura era hija de
Tutmosis II. Es necesario destacar que según los estudios del Museo de
El Cairo, patrocinado por Discovery
Channel y liderado por el arqueólogo Zahi Hawass, la
descendencia de Tumotosis padecía de una variedad de Viruelas
hereditaria, a lo que no escapó ningún descendiente.
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También
se ha divagado mucho acerca de la posible maternidad de Hatshepsut
Meritra, quien sería más tarde gran esposa real de Tutmosis III.
Debido a su nombre, siempre se pensó que era la segunda hija de
Hatshepsut, pero era realmente extraño que nunca se la mencionase en
vida de su presunta madre, mientras que Neferura apareciese tan a
menudo. Actualmente parece haber quedado claro que, pese a llevar su
nombre, Hatshepsut Meritra era en realidad hija de la dama Huy, una
mujer muy influyente en la corte de entonces, y quizás aquel apelativo
tuviese como destino halagar a la reina-faraón.
Fue
a raíz de la finalización del templo de Deir el-Bahari, sobre el año
15-16 de reinado, cuando la estrella de Hatshepsut comenzó a menguar a
favor de la de Tutmosis III. El rey era un joven que cada vez ansiaba más
el poder, y a cualquier precio. Así, no es de extrañar que en apenas
un año murieran los dos principales sustentos de la reina y sus más
grandes apoyos, Hapuseneb y Senenmut. Y por si no fuera poco, poco después
murió la gran esperanza, el arma secreta de la reina, la princesa
Neferura.
Los
golpes que sufrió Hatshepsut en torno al año 16 de su reinado fueron
tan grandes que a partir de entonces la reina se retiró parcialmente
del cargo y el otro rey, Tutmosis III, comenzó a tomar las riendas del
gobierno. Al parecer, la ambición de Hatshepsut era aún más grande y
no estaba satisfecha con ser ella sola "faraón", sino que se
proponía inaugurar una auténtica dinastía femenina de reyes, y por
esa razón declaró heredera a su amada hija Neferura. La muerte de la
princesa fue tan repentina y favorable a Tutmosis III que hay quien
piensa que fue intencionada, y que consiguió su objetivo: derrumbar a
la reina-faraón.
Tutmosis
III, corregente y sucesor de HatshepsutHatshepsut acabó por morir en su
palacio de Tebas tras un largo reinado de 22 años, abandonada por
todos. Se ignora la edad de su muerte, pero suponemos que debería
oscilar entre los cuarenta y los cincuenta años. Hasta ahora no se sabía
cómo murió exactamente, si fue muerte natural o durante un golpe de
estado liderado por su hijastro, pero hay que decir que Tutmosis III era
virtualmente el único rey, y que Hatshepsut se había retirado de la
lucha.
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Según
El Discovery Channel y el arqueólogo Zahi Hawass, la momia fue
escaneada imagenológicamente y se encontró que la reina había
padecido en vida, de una avanzada osteoporosis a las caderas, y además
había contraído un absceso séptico en su cavidad bucal que bien pudo
provocar un shock septicémico como causa más probable de su muerte que
un atentado a su vida.
Su
tumba definitiva se encuentra en el Valle de los Reyes y está
catalogada como KV20. Allí existen indicios que mandó ampliar la tumba
de su padre para ser utilizada también para ella. El amor y la lealtad
que la hija profesó al padre tuvo que ser tan grande que quiso
permanecer junto a él toda la eternidad.
A
su muerte, Tutmosis III se convertiría en un gran faraón, que,
emulando a su abuelo Tutmosis I, realizó numerosas campañas y ascendió
a Egipto al rango de superpotencia mundial. Pero jamás lo habría
logrado sin la preparación a la que lo sometió su colosal tía-madrastra.
Nunca le perdonó haber asumido el trono: borró su nombre y el de
Senenmut de los anales e hizo suyo el hermoso templo de Deir el-Bahari,
y simuló que su reinado era continuación del de su padre, obviando el
de Hatshepsut. Mas, pese a esta terrible acción -que condenaba a la
reina-faraón a la muerte y el olvido eternos-, la gran personalidad de
Hatsehpsut, la mujer que más tiempo estuvo sentada en el trono de los
faraones, ha sobrevivido a su castigo y aún hoy sigue cautivándonos
desde más de tres mil años de historia.
La
momia de Hatshepsut fue presentada al público en junio de 2007, después
de largos periodos de incertidumbre acerca de su correcta identificación.
Zahi Hawass, Secretario General del Consejo Supremo de Antigüedades en
Egipto, aseguró que se trataba del descubrimiento arqueológico más
importante desde el hallazgo de la tumba de Tutankamón, en 1922. La
momia pudo identificarse mediante el análisis de una muela de la misma.
Así se confirmaba la teoría de Zahi Hawass, quien había afirmado
previamente que la momia era de la reina faraón, cuando en un principió
se confundió con la momia de su nodriza, enterrada junto a ella.
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Ambas
momias fueron descubiertas en la tumba KV60 del Valle de los Reyes. Este
sepulcro fue construido por la propia Hatshepsut destinado a su nodriza,
a la que profesaba un gran cariño, la dama Sitra, y en él se hallaron
los cuerpos de una mujer de unos cuarenta o cincuenta años y de una
anciana obesa de más de sesenta años, que presentaba la peculiaridad
de tener el brazo izquierdo doblado en una posición claramente de
reina. Fue entonces cuando se empezó a pensar que dicha momia pertenecía
a Hatshepsut, dada la anómala posición del brazo. Ello generaba múltiples
cuestiones, ¿cómo querría enterrarse esta mujer, como una gran esposa
real o como un faraón, con los dos brazos cruzados sobre el pecho? ¿Permitiría
Tutmosis III que su madrastra fuera enterrada en la posición típica de
los reyes?
Antes
de la verificación de la momia ya se había descubierto el hígado
momificado que con toda certeza pertenecía a Hatshepsut, junto al hígado
estaban los intestinos y un molar con una sola raíz, esta pieza fue la
clave para su correcta identificación, la caja de vasos canopos fue
hallada en el escondite de momias reales de la tumba de DB320. Lo cual
hizo pensar originalmente que el cuerpo de Hatshepsut se hallara entre
alguna de las mujeres anónimas de DB320.
El
interés que ha despertado Hatshepsut en la sociedad moderna es
innegable, y las posiciones respecto a ella que tienen arqueólogos,
historiadores o simples lectores no pueden ser más variadas. Hatshepsut
se halla en la actualidad convertida en una maquiavélica usurpadora, en
un animal político que no retrocede nada con tal de satisfacer su
ambición, en una mujer que tuvo que elegir entre el amor y su reino, en
una amante de la paz o en un modelo feminista, o todo esto a un mismo
tiempo, dependiendo de la persona que opine acerca de ella.
Por
ello, no es de extrañar que exista un amplio abanico de libros
dedicados a Egipto, al Imperio Nuevo o incluso a ella por completo en
los que existan todos los puntos de vista posibles, y más. Tampoco
falta su presencia en las novelas, que suelen pintarla como una bella y
ambiciosa mujer que vivió una vida digna de ser recordada, junto a
Tutmosis I, Tutmosis III o Senenmut, para algunos un faraón sin corona.
Sea como fuere, es indiscutible el encanto que emana de Hatshepsut que sólo
puede compararse al que rodea a otras grandes figuras de la civilización
egipcia como Ajenatón, Nefertiti, Tutankamón, Ramsés II o Cleopatra.
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Fuentes:
http://es.wikipedia.org/wiki/Homosexualidad_en_el_antiguo_Egipto
http://en.wikipedia.org/wiki/Khnumhotep_&_Niankhkhnum
http://es.wikipedia.org/wiki/Hatshepsut
http://en.wikipedia.org/wiki/Hatshepsut
http://www.kathrynhuxtable.org/wedding/history.shtml
http://www.well.com/user/aquarius/egypt.htm

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