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Feminismo
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¿QUÉ
ES EL FEMINISMO?
La
metáfora de las gafas violetas
-
- Por
Nuria Varela
-
- Me
declaro en contra de todo poder cimentado
- en
prejuicios aunque sean antiguos.
- -Mary
Wollstonecraft-
-
- El
feminismo es un impertinente -como
llama la Real Academia Española a todo aquello que molesta de
palabra o de obra-. Es muy fácil hacer la prueba. Basta con
mencionarlo. Se dice feminismo y cual palabra mágica,
inmediatamente, nuestros interlocutores tuercen el gesto, muestran
desagrado, se ponen a la defensiva o, directamente, comienza la
refriega.
-
- ¿Por
qué? Porque el feminismo cuestiona el orden establecido. Y el orden
establecido está muy bien establecido para quienes lo
establecieron, es decir, para quienes se benefician de él.
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-
- Símbolo del
Feminismo
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- El
feminismo fue muy impertinente cuando nació. Corría el siglo XVIII
y los revolucionarios a ilustrados franceses -también las
francesas-, comenzaban a defender las ideas de «igualdad, libertad
y fraternidad». Por primera vez en la historia, cuestionaban políticamente
los privilegios de cuna y aparecía el principio de igualdad. Sin
embargo, ellas, las que defendieron que esos derechos incluían a
todos los seres humanos -también a las humanas-, terminaron en la
guillotina mientras que ellos siguieron pensando que el nuevo orden
establecido significaba que las libertades y los derechos sólo
correspondían a los varones.
-
- Todas
las libertades y todos los derechos (políticos, sociales, económicos...).
Así, aunque existen precedentes feministas antes del siglo XVIII,
podemos establecer que, como dice Amelia Valcárcel, «el feminismo
es un hijo no querido de la Ilustración»[1]. Es en ese momento
cuando se comienzan a hacer las preguntas impertinentes: ¿Por qué
están excluidas las mujeres? ¿Por qué los derechos sólo
corresponden a la mitad del mundo, a los varones? ¿Dónde está el
origen de esta discriminación? ¿Qué podemos hacer para
combatirla? Preguntas que no hemos dejado de hacer.
-
- El
feminismo es un discurso político que se basa en la justicia. El
feminismo es una teoría y práctica política articulada por
mujeres que tras analizar la realidad en la que viven toman
conciencia de las discriminaciones que sufren por la única razón
de ser mujeres y deciden organizarse para acabar con ellas, para
cambiar la sociedad. Partiendo de esa realidad, el feminismo se
articula como filosofía política y, al mismo tiempo, como
movimiento social. Con tres siglos de historia a sus espaldas, ha
habido épocas en las que ha sido más teoría política y otras,
como el sufragismo, donde el énfasis estuvo puesto en el movimiento
social.
-
- Pero
además de impertinente, o precisamente por serlo, el feminismo es
un desconocido. «Del feminismo siempre se dice que es recién
nacido y que ya está muerto», dice Amelia Valcárcel. Ambas
cuestiones son falsas. El trabajo feminista de los últimos años ha
proporcionado material suficiente como para rastrear la historia
escondida y silenciada y recuperar los textos y las aportaciones del
feminismo durante todo este tiempo.
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- ¿Quién es Gloria Steinem?
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- Ha
sido tan beligerante el ocultamiento del trabajo feminista a lo
largo de la historia que sabemos que este libro, con el paso del
tiempo, se quedará viejo no sólo por las nuevas aportaciones,
cambios, éxitos sociales o nuevas corrientes que irán apareciendo,
sino porque el trabajo de recuperación de nuestra historia añadirá
a la genealogía del feminismo nombres, acciones y textos
desconocidos hasta ahora.
-
- Sobre
la segunda afirmación, que «ya está muerto», mucho nos tememos
que corresponde más a un
- deseo
de quienes lo dicen que a una realidad. Todo lo contrario. A estas
alturas de la historia lo que parece incorrecto es hablar de
feminismo y no de feminismos, en plural, haciendo así hincapié en
las diferentes corrientes que surgen en todo el mundo. De hecho,
podemos hablar de sufragismo y feminismo de la igualdad o de la
diferencia, pero también de ecofeminismo, feminismo institucional,
ciberfeminismo..., y podríamos detenernos tanto en el feminismo
latinoamericano como en el africano, en el asiático o en el
afroamericano. Como se cantaba en las revoluciones centroamericanas
del siglo XX: «Porque esto ya comenzó y nadie lo va a parar. » Y
es que uno de los perfiles que diferencian al feminismo de otras
corrientes de pensamiento político es que está constituido por el
hacer y pensar de millones de mujeres que se agrupan o van por libre
y están diseminadas por todo el mundo. El feminismo es un
movimiento no dirigido y escasamente, por no decir nada,
jerarquizado.
-
- Además
de ser una teoría política y una práctica social, el feminismo es
mucho más[2]. El discurso, la reflexión y la práctica feminista
conllevan también una ética y una forma de estar el mundo. La toma
de conciencia feminista cambia, inevitablemente, la vida de cada una
de las mujeres que se acercan a él.
- Como
dice Viviana Erazo: «Para millones de mujeres [el feminismo] ha
sido una conmoción intransferible desde la propia biografía y
circunstancias, y para la humanidad, la más grande contribución
colectiva de las mujeres. Removió conciencias, replanteó
individualidades y revolucionó, sobre todo en ellas, una manera de
estar en el mundo[3].»
-
- Ángeles
Mastretta explica esta aventura personal con trasfondo poético en
su libro El cielo de los leones: «Las puertas que bajan del cielo
se abren sólo por dentro. Para cruzarlas, es necesario haber ido
antes al otro lado con la imaginación y los deseos. [...] Una buena
dosis de la esencia de este valor imprescindible tiene que ver,
aunque no lo sepa o no quiera aceptarlo un grupo grande de mujeres,
con las teorías y la práctica de una corriente del pensamiento y
de la acción política que se llama feminismo. Saber estar a solas
con la parte de nosotros que nos conoce voces que nunca imaginamos,
sueños que nunca aceptamos, paz que nunca llega, es un privilegio
de la estirpe de los milagros. Yo creo que ese privilegio, a mí y a
otras mujeres, nos los dio el feminismo que corría por el aire en
los primeros años setenta. Al igual que nos dio la posibilidad y
las fuerzas para saber estar con otros sin perder la índole de
nuestras convicciones.
-
- Entonces,
como ahora, yo quería ir al paraíso del amor y sus desfalcos, pero
también quería volver de ahí dueña de mí, de mis pies y mis
brazos, mi desafuero y mi cabeza. Y pocos de esos deseos hubieran sido
posibles sin la voz, terca y generosa, del feminismo. No sólo de su
existencia, sino de su complicidad y de su apoyo[4].»
-
- La
disputa sobre el feminismo comienza con su propia definición. Por un
lado, como dice Victoria Sau: «Atareadas en hacer feminismo, las
mujeres feministas no se han preocupado demasiado en definirlo. »[5]
Y por otro lado, sabido es que quien tiene el poder es quien da nombre
a las cosas. Por ello, el feminismo desde sus orígenes ha ido acuñando
nuevos términos que histórica y sistemáticamente han sido
rechazados por la «autoridad», por el «poder», en este caso, por
la Real Academia Española (RAE), cuya «autoridad» hace décadas que
está cuestionada por el feminismo. Así, dice el Diccionario de la
RAE ¡en su vigésima segunda edición del año 2001!«Feminismo:
Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y
derechos reservados antes a los hombres. Movimiento que exige para las
mujeres iguales derechos que para los hombres. » Tres siglos y los
académicos aún no se han enterado de que exactamente eso es lo que
no es el feminismo. La base sobre la que se ha construido toda la
doctrina feminista en sus diferentes modalidades es precisamente la de
establecer que las mujeres son actoras de su propia vida y el hombre
ni es el modelo al que equipararse ni es el neutro por el que se puede
utilizar sin rubor varón como sinónimo de persona. ¿Pensará la
Academia que las mujeres no tenemos derecho al aborto, por ejemplo,
puesto que los hombres no pueden abortar?
-
- Siguiendo
a Victoria Sau, «el feminismo es un movimiento social y político que
se inicia formalmente a finales del siglo XVIII y que supone la toma
de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la
opresión, dominación, y explotación de que han sido y son objeto
por parte del colectivo de varones en el seno del, patriarcado bajo
sus distintas fases históricas de modelo de producción, lo cual las
mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las
transformaciones de la sociedad que aquélla requiera».[6]
-
- En
la definición se hace hincapié en el primer paso para entrar en el
feminismo: «la toma de conciencia». Imposible. solucionar un
problema si antes éste no se reconoce. De hecho, para Ana de Miguel
«como ponen de relieve las recientes historias de las mujeres, éstas
han tenido casi siempre un importante protagonismo en las revueltas y
movimientos sociales. Sin embargo, si la participación de las mujeres
no es consciente de la discriminación sexual, no puede considerarse
feminista»[7] Por eso nos gusta utilizar la metáfora de las gafas
violetas que ya dejó por escrito Gemma Lienas en su libro El diario
violeta de Carlota,[8] un estupendo manual para jóvenes.
-
- El
violeta es el color del feminismo. Nadie sabe muy bien por qué. La
leyenda cuenta que se adoptó en honor a las 129 mujeres que murieron
en una fábrica textil de Estados Unidos en 1908 cuando el empresario,
ante la huelga de las trabajadoras, prendió fuego a la empresa con
todas las mujeres dentro. Ésta es la versión más aceptada sobre los
orígenes de la celebración del 8 de marzo como Día Internacional de
las Mujeres. En esa misma leyenda se relata que las telas sobre las
que estaban trabajando las obreras eran de color violeta. Las más poéticas
aseguran que era el humo que salía de la fábrica, y se podía ver a
kilómetros de distancia, el que tenía ese color. El incendio de la fábrica
textil Cotton de Nueva York y el color de las telas forman parte de la
mitología del feminismo más que de su historia, pero tanto el color
como la fecha son compartidos por las feministas de todo el mundo.
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Supone
saber que, según Naciones Unidas, una de cada tres mujeres en el mundo
ha padecido malos tratos o abusos y que en España son más de un
centenar las mujeres asesinadas cada año por sus compañeros, maridos,
novios o amantes. Supone, en definitiva, ser conscientes de que nos han
robado nuestros derechos y debemos afanarnos en recuperarlos si queremos
vivir con dignidad y libertad al tiempo que construimos una sociedad
justa y realmente democrática.
Es
tener conciencia de género, eso que a veces parece una condena porque
te obliga a estar en una batalla continua pero consigue que entiendas
por qué ocurren las cosas y te da fuerza para vivir cada día. Porque
el feminismo hace sentir el aliento de nuestras abuelas, que son todas
las mujeres que desde el origen de la historia han pensado, dicho y
escrito libremente, en contra del poder establecido y a costa, muchas
veces, de jugarse la vida y, casi siempre, de perder la «reputación».
De todas las mujeres que con su hacer han abierto los caminos por los
que hoy transitamos y a las que estamos profundamente agradecidas.
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En
eso consiste la capacidad emancipadora del feminismo. El feminismo es
como un motor que va transformado las relaciones entre los hombres y las
mujeres y su impacto se deja sentir en todas las áreas del
conocimiento. El feminismo es capaz de percibir las «trampas» de los
discursos que adrede confunden lo masculino con lo universal, como
explica Mary Nash. Ésa es la revolución feminista. No es una teoría más.
El feminismo es una conciencia crítica que resalta las tensiones y
contradicciones que encierran esos discursos.
Asegura
Amelia Valcárcel que el feminismo «compromete demasiadas
expectativas y demasiadas voluntades operantes. Incide en todas las
instancias y temas relevantes, desde los procesos productivos a los
retos medioambientales. Es una transvaloración de tal calibre que
no podemos conocer todas sus consecuencias, cada uno de sus efectos
puntuales, ya sea la baja tasa de natalidad, la despenalización
social de la homofilia, la transformación industrial, la organización
del trabajo...». Y añade: «Nada nos han regalado y nada les
debemos. [...] Ya que hemos llegado a divisar primero, y a pisar
después, la piel de la libertad, no nos vamos[9]. »
Ese
es el espíritu del feminismo: una teoría de la justicia que ha ido
cambiando el mundo y trabaja día a día para conseguir que los seres
humanos sean lo que quieran ser y vivan como quieran vivir, sin un
destino marcado por el sexo con el que hayan nacido. « Educar seres
humanos valientes, dueños de su destino, tendría que ser la búsqueda
y el propósito primero de nuestra sociedad. Pero no siempre lo es. Empeñarse
en la formación de mujeres cuyo privilegio, al parejo del de los
hombres, sea no temerle a la vida y por lo mismo, estar siempre
dispuestas a comprenderla y aceptarla con entereza es un anhelo
esencial.
Creo
que este anhelo estuvo y sigue estando en el corazón del feminismo.
No sólo como una teoría que busca mujeres audaces, sino como una
práctica que pretende de los hombres el fundamental acto de valor
que hay en aceptar a las mujeres como seres humanos libres, dueñas
de su destino, aptas para ganarse la vida y para gozarla sin que su
condición sexual se lo impida[10].
El
feminismo es la linterna que muestra las sombras de todas las
grandes ideas gestadas y desarrolladas sin las mujeres y en
ocasiones a costa de ellas: democracia, desarrollo económico,
bienestar, justicia, familia, religión...
Las
feministas empuñamos esa linterna con orgullo por ser la herencia
de millones de mujeres que partiendo de la sumisión forzada y
mientras eran atacadas, ridiculizadas y vilipendiadas, supieron
construir una cultura, una ética y una ideología nuevas y
revolucionarias para enriquecer y democratizar el mundo.
La
llevamos con orgullo porque su luz es la justicia que ilumina las
habitaciones oscurecidas por la intolerancia, los prejuicios y los
abusos. La llevamos con orgullo porque su luz nos da la libertad y
la dignidad que hace ya demasiado tiempo nos robaron en detrimento
de un mundo que sin nosotras no puede considerarse humano.
-
- [1]VALCÁRCEL,
Amelia, La memoria colectiva y los retos del feminismo, Naciones
Unidas, Santiago de Chile, 2001, pág. 8.
- [2]
El feminismo, por supuesto, no tiene nada que ver con el machismo.
Ver capítulo 14, <<Prejuicios y tópicos>>
- [3]
3. ERAZO, Viviana, «Feminismos fin de siglo, una herencia sin
testamento», Fempress
- [4]
MASTRETTA, Ángeles, El cielo de los leones, Seix Barral, Barcelona,
2004, págs. 51‑53.
- [5]
SAU, Victoria, Diccionario ideológico feminista, vol. I, Icaria,
Barcelona, 2000, pág.121.
- [6]
Ibídem
- [7]
DE MIGUEL, Ana, «Feminismos», en AMORÓS, Celia (dir.), 10
palabras clave sobre mujer, Editorial Verbo divino, Navarra, 4ª
ed., 2002, pág. 217.
- [8]
LIENAS, Gemma, El diario violeta de Carlota, Alba Editorial,
Barcelona 2001
- [9]
VALCÁRCEL, Amelia, Rebeldes. Hacia la paridad, Plaza & Janés,
Barcelona, 2000, págs. 164 y 166.
- [10]
MASTRETTA, Ángeles, op. cit., pág. 54.
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- Fuente:
Nuria Varela; Feminismo para Principiantes,
Ediciones B. Barcelona, España.
- Tomado
de: http://www.modemmujer.org/docs/11.242.htm
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