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Remontémonos
a Grecia, concretamente a la isla de Lesbos, en el Mar Egeo, entre los
años 612 a.C. y 570 a.C. aproximadamente, donde vivió la poetiza Safo. Cabe
agregar, que de la isla de Lesbos procede la palabra lesbiana
y safismo, ambas utilizadas
para hacer referencia a la homosexualidad femenina.
En
sus poemas, Safo expresa su amor y atracción sexual hacia las mujeres y
hacia los hombres, por lo que se presume que era bisexual; sin embargo,
no existe evidencia que confirme que absolutamente toda su poesía haya
sido autobiográfica. Es importante aclarar, que los conceptos de
lesbianismo, heterosexualidad, homosexualidad y bisexualidad eran
desconocidos y ajenos a los habitantes griegos de entonces.
Se puede además indicar, que dada la evidencia histórica
existente, se presume que Safo era bisexual. Su poesía se enfocaba en
el amor y la pasión por distintos personajes, mujeres y hombres.
La poetiza enseñaba su arte a mujeres jóvenes que
habitaban la isla, importante centro intelectual y artístico de la época.
En su academia o “Casa de Musas”, como ella misma la llamaba, se impartían
clases de poesía, danza y música.
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Platón se referiría a Safo como la décima musa, siendo su poesía inmensamente admirada en la antigüedad,
sin embargo, hoy solo quedan escasos fragmentos de su obra, los cuales
sobrevivieron para fortalecer la gran reputación de la poetiza.
Es precisamente esa admiración y respeto hacia su poesía lírica,
lo que evidencia la grandeza de Safo, en una Grecia donde las mujeres
eran invisibles y no consideradas parte de la vida publica, a la cual pertenecían,
solamente los hombres.
Safo supo dar un cambio radical en la poesía de la época,
pues en vez de escribir acerca de héroes, dioses y diosas mitológicas,
batallas y cuanto sucedía a su alrededor, como hacían los poetas
entonces, ella decidió expresar lo que ocurría en su interior,
desnudar su alma para convertirla en poesía lírica.
Por su parte, Máximo de Tiro, filosofo del siglo III, escribiría
que los amores de Safo eran similares a los de Sócrates, siendo que
ambos habían practicado el amor a su manera, ella con mujeres y él con
hombres.
Me parece que igual a los dioses
Es aquel joven que frente a ti
Se sienta y escucha de cerca mientras
Amable conversas.
Y sonríes seductora. Si, esto
Aterra mi corazón dentro del pecho,
Pues tan pronto te miro un instante,
Como ya me es imposible decir una palabra,
Pues mi lengua desfallece;
enseguida,
Un fuego sutil irrumpe bajo mi piel,
Nada veo con mis ojos, zumban
Mis oídos,
Se me esparce el sudor, un escalofrío
Me apresa toda, estoy más pálida
Que la hierba y me parece que
Falta poco para morir.
Pero
todo hay que soportarlo, pues esto es así.
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Artemisa
(Diana)
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Fragmento de Safo (tomado de Theodore Reinach y Aimé
Puech, Alceé, Sapho.
Paris
: Les Belles Lettres,
1966).
Y
fue precisamente esta, la Grecia donde la homosexualidad (más que todo
masculina) era parte de su cotidianeidad y nada más. En 1978, K.J.
Dover publica un estudio sobre las relaciones entre personas del mismo
sexo en la antigua Grecia, basándose en fuentes arqueológicas y
literarias clásicas y arcaicas.
Una
de las conclusiones arrojadas por Dover, fue que para los griegos la
homosexualidad en general era natural, normal y saludable, y su practica
estaba circunscrita por las normas culturales.
El estudio ha tenido sus críticos y obviamente, no puede dejarse
de lado el hecho de que los hombres buscaban a jovencitos y menores como
objeto de su deseo. Se cree que las prácticas homosexuales estaban
reservadas para miembros de las clases media y aristocrática.
Por
lo tanto, en la Grecia antigua, fue considerado normal que un muchacho
(entre la pubertad y el crecimiento de la barba) fuera el amante de un
hombre mayor, el cual se ocupaba de la educación política, social,
científica y moral del amado. Pero se consideraba más extraño que dos
hombres adultos mantuviesen una relación amorosa (aunque se ve que era
normal en la relación entre Aquiles y Patroclo, o en las parejas de
soldados tebanos y hasta en la relación entre Alejandro Magno y
Hefestión)
Cabe
destacar el hecho que ser pasivo no era bien visto socialmente, pues se
consideraba que serlo significaba ser intelectualmente inferior y más
inexperto que el que asumía un rol activo. También es destacable que el
lesbianismo
no estaba bien visto; la máxima griega era, a este respecto, que
"la mujer era para la reproducción, pero el hombre para el
placer". Se reconocía que era necesario preservar la estirpe, la
especie, pero que solamente se podía encontrar placer en la relación
íntima con otro hombre.
Asimismo,
es esta la Grecia de los Guerreros Lambda, un ejército de soldados
homosexuales que eran acompañados a la guerra por sus amantes
masculinos, y eran conocidos por su fiereza, coraje y deseo de pelear
hasta la muerte. La lambda ( l
) es la letra “L” minúscula del
alfabeto griego, la cual fue escogida en 1970 por la Alianza de
Activistas Gay en su campaña a favor de la liberación gay.
En
1974, en Edinburgo, Escocia, el Congreso por los Derechos Gay selecciono
la lambda como símbolo para representar los derechos de las lesbianas y
los homosexuales. Normalmente,
la lambda es en color púrpura o lavanda, colores que son normalmente
asociados con la comunidad LGBT (Lésbica Gay Bisexual Transgénero).
Pero
no podemos dejar por fuera a las diosas y dioses de la mitología
griega, quienes también tenían sus tendencias y amoríos lésbicos y
homosexuales. Podemos citar
por ejemplo a Artemisa, diosa
de la caza, la castidad y los nacimientos; adorada por las Amazonas y
considerada una de las “diosas vírgenes” pues nunca tuvo relaciones
sexuales con ningún hombre.
Artemisa
consideraba importante la amistad con las mujeres (mucho más que con
los hombres), y se rehusó a seguir los roles de género tradicionales.
Entre sus amantes femeninas se pueden citar a Amatista, Atalanta,
Britomartis, Callisto, Cyrene, Anticleia, Syrinx, Taygete y Zabeta.
Las otras “diosas vírgenes” eran Atenea y Hestia.
Entre
los dioses podemos citar a Apolo, quien tuvo varios amantes masculinos,
siendo el mas amado, Jacinto, quien fue herido de muerte y al no poder
salvarle, de su sangre Apolo creó la flor que lleva su nombre, el
jacinto. Jacinto luego se convertiría en el divino patrono de quienes
buscan el amor del mismo sexo.
Asimismo,
podemos citar a Zeus y Ganímedes, Poseidón y Pelops, Pan y Dafnis,
Narciso y Echo, Aquiles y Patroclus, entre otras figuras de la mitología
griega. Dionisio e Himen
eran bisexuales, y el héroe griego Heracles (Hércules), a pesar de
haberse casado tuvo múltiples amantes masculinos.
Para profundizar en estos amores mitológicos, existen diversos
libros como Lovers' Legends: The
Gay Greek Myths por Andrew Calimach, Greek
Love Reconsidered por Thomas K. Hubbard, entre otros.

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