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Asumirse
como mujer bisexual implica un trabajo profundo de honestidad y de
discriminación. Nuestro estatus de ciudadanos de segunda en un mundo
cultural y económicamente regido por los varones y por lo masculino
hace que nuestros deseos y nuestras elecciones resulten muchas veces
sospechosas en su autenticidad. Sí, muchas, de nuestras relaciones con
varones son producto de la necesidad de aprobación, del temor, de la
inseguridad inducida por la socialización o de la violencia ejercida
sobre nosotras. Muchas, pero no necesariamente todas. Como seres humanos
complejos y no meras víctimas de opresión, también podemos elegir a
un hombre por deseo y/o por amor.
Sentir
amor y deseo por otra mujer, por su mera trasgresión, resulta un acto
liberador en esta cultura. Sabemos que se paga con la soledad y con el
riesgo. Cuando por fin se encuentra una comunidad de pares, a veces la
necesidad de pertenencia hace que se suprima todo aquello que podría
resultar discordante.
Sí,
algunas de nuestras relaciones con mujeres son producto de la presión
del grupo de pares, de la necesidad de no ser excluidas de ese mundo y
de esa identidad que vislumbramos como la mejor posibilidad de quebrar
nuestra opresión. De nuevo, como la opresión no es la única variable
que explica nuestras vidas, muchas de nuestras relaciones con mujeres
son fruto del deseo, del amor y de la afinidad. Y, por supuesto, la
presión del grupo de pares nunca es comparable a la de toda una
sociedad con sus instituciones.
La
lesbofobia (rechazo hacia las lesbianas) internalizada y la de la
sociedad hacen que muchas lesbianas “pasen” por hetero o por
bisexuales por necesidad, miedo, falta de información o (en algunos
casos) conveniencia. De la misma manera, la bifobia (rechazo hacia las
personas bisexuales) hace que muchas bisexuales “pasen” por hetero o
por lesbianas por las mismas razones. El proceso de cada una para asumir
su identidad es único y dura toda la vida, aunque parezca haber
terminado cuando a esa identidad se le da un nombre. Cada mujer sabe,
mejor que nadie, quien es ella. Nadie tiene el derecho de definir a
otra. De la compleja interacción entre los efectos de la opresión y el
poder liberador de la conciencia, surgen la identidad posible para cada
una en un momento determinado y su grado de visibilidad..
Las
mujeres bisexuales somos muy diversas. Algunas, casadas con varones y
con amantes mujeres. Otras en pareja con mujeres y con amantes varones.
Otras para quienes el género de su/s pareja/s es completamente
irrelevantes. Swingers, monógamas felices que limitan sus deseos por el
mismo o cualquier otro género a la fantasía. Las enamoradas de
personas transexuales y un largo etcétera.
Cuenta
la leyenda que lastimamos a las lesbianas. Eso no es cierto. Ninguna
orientación sexual implica (por sí misma) un daño para otras
personas. La mentira, la desconsideración o la inmadurez emocional
causan mucho daño en las relaciones; son rasgos humanos que se dan en
todas las orientaciones sexuales y no son patrimonio de ninguna.
Tampoco
es cierta que automáticamente cualquier mujer bisexual es
“privilegiada” frente a una lesbiana. Sabemos ya, que el privilegio
es una cuestión compleja en la que intervienen muchas variables y que
tener en cuenta una sola de ellas en este caso, la orientación sexual,
es un reduccionismo. Resulta difícil aceptar por ejemplo que una mujer
bisexual, de mediana edad, con hijas/os, empleada doméstica por horas
con poco trabajo sea privilegiada frente a una lesbiana joven,
profesional, con un bueno empleo cierta aceptación por parte de su
familia.
No
es casual que en muchos países se este dando una alianza entre
activistas bisexuales y transgénero (travestís, transexuales e
intersexuales). Somos las “impuras” y los “impuros” en el paraíso
lésbico-gay. No somos fáciles de clasificar, o sí: mujer bisexual =
lesbiana cobarde que no se asume; mujer diferente = gay cobarde que no
se asume. La cobardía es un rasgo humano que poco tiene que ver con la
orientación sexual. Vivir como bisexual o transgénero en un mundo de
blanco/negro no es para cobardes, por cierto.
El
aporte de las personas bisexuales y transgénero a la comunidad lésbico-gay
es precisamente hacer visible toda la gama de grises, de eliminar la
idea de que la orientación y la identidad sexual son fijas y admiten
solo dos posibilidades (homo/hetero, mujer / varón). Un arco iris de
grises donde cada cual puede, momentáneamente, encontrar su lugar. Un arco iris
que no es una escala de pureza, ser exclusivamente gay no es un estatus
superior de quien es “predominantemente” gay. Ser una mujer con
vagina no es “más” que ser una mujer con verga y tetas.
Texto
realizado por “Escrita en el Cuerpo”. Archivo y Biblioteca de
Lesbianas, Mujeres Bisexuales y Diferentes.
Fuente:
http://culturalesbiana.blogsome.com/2007/12/30/mujeres-bisexuales/
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Opción
Bisexual es un grupo de personas que comparten su orientación,
preferencia y/o interés por la bisexualidad. Se formó en la Ciudad de
México en septiembre de 2003 con el objetivo de tener un
espacio propio para compartir experiencias, puntos de vista,
conocimientos, así como promover la reflexión y el análisis acerca de
las bisexualidades.
Las
personas que participan en este grupo buscan compartir
experiencias, vivencias y amistad en un ambiente de respeto a
la diversidad sexual, de género, política, social, ideológica, étnica,
religiosa y, en general, humana. Buscan enlazar inquietudes comunes con
el objetivo de fortalecerse como individuos y como grupo.
Una
de las principales ocupaciones de Opción Bi es trabajar en favor de una
visión de la bisexualidad y de las personas con esta orientación, libre
de estereotipos y prejuicios, a partir de propuestas
incluyentes y respetuosas.
Fuente:
Cultura Lesbiana
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